«Para ser portero hay que estar loco»: Conozca a Ariel Frankenberg, el arquero de balonmano de la Usach

Tiene 22 años y fue premiado como el guardameta menos batido en el campeonato universitario organizado por la Fenaude, al recibir 135 goles.
Por PEDRO LIENQUEO / Fotos: TWITTER
El 12 de agosto la Universidad de Santiago enfrentó a Universidad de Concepción por la final del torneo de balónmano organizado por la Federación Nacional Universitaria de Deportes (Fenaude). Los que se quedaron con el trofeo fueron los penquistas, al imponerse 28-17 en el polideportivo de la UC.
Sin embargo, uno de los integrantes de la Usach fue reconocido por el torneo universitario. Se trata del portero Ariel Frankenberg, quien, junto a su compañero Francisco Rojas, recibió un galardón por ser el guardameta menos batido (recibió 135 goles).
«La cantidad de anotaciones que recibí fue bastante menor a la medida internacional dentro de este tipo de torneos», dice con orgullo.
Él tiene 22 años y va en cuarto año de Licenciatura en Ciencias del Deporte, con mención en entrenador deportivo. Debido al estallido social y la pandemia es segundo campeonato nacional que juega. Sobre el rendimiento del equipo durante el certamen, señala que el segundo lugar obtenido es el logro más importante que ha conseguido la universidad en esta disciplina.
Sobre la final afirma que «desde un principio estuvo peleada, pero ellos nos superaron bastante en términos físicos. Eso nos pesó, aunque nosotros igual tenemos jugadores de renombre, como Pablo Meza, Benjamín Honores, Ignacio Vidal y Francisco Rojas, entre otros».
Acerca de su puesto, dice que los jugadores deben cumplir con una particular condición. «Hay un dicho, que se repite bastante, que para ser guardameta hay que estar loco, porque ¿quién en su sano juicio estaría a seis metros de recibir un pelotazo en la cara?», recalca.
Ante los riesgos valora la nueva normativa de sancionar al jugador que remata en la cara con dos minutos de expulsión, ya que, antiguamente, eso era parte del juego.

DE LA SALA A LA CANCHA
Frankenberg comenta que es difícil compatibilizar los estudios con el balonmano. «Hay que sacrificar bastantes cosas, como una salida con los amigos o familia. En mi caso, después de la U, voy directo a los entrenamientos. A veces, después de los estudios, estoy dos horas en mi casa y después voy a entrenar. Vuelvo a eso de las 23:00 horas», detalla.
Sobre la implementación deportiva que tiene la Usach señala que está mejorando. Dice que hay buenos gimnasios y a otras disciplinas les están mejorando las instalaciones.
Sin embargo, revela que «la cancha donde estamos nosotros está hecha a partir de cemento y es muy resbaladizo para nosotros. Me ha tocado ver gente que se lesiona ahí». Además, cierra agregando que no tienen acceso directo al gimnasio porque «está copado por otros deportes».
La vocación por el balonmano siempre la tuvo. Aunque en un principio jugó fútbol, como arquero, los mayores premios los tuvo con el handboll al consagrarse en torneos escolares. Desde ahí, no se movió de la portería.