Columna de Sergio Gilbert: No basta con cambiar de casa

Entre los estamentos del nuevo Ministerio de Seguridad Pública estará Estadio Seguro, un ente que fue creado en el primer gobierno de Sebastián Piñera y que, hasta hoy, sólo ha servido para pagar favores políticos, porque en la práctica su gestión es nula.

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 3 de abril de 2025 - 5:20 pm

Hasta hoy, la gestión de Estadio Seguro no ha determinado nada / Foto (referencial): ARCHIVO

El martes de esta semana, 1 de abril, comenzó oficialmente a funcionar el Ministerio de Seguridad Pública que encabeza Luis Cordero, y que tiene como objetivos denunciados “formular y evaluar políticas públicas para prevenir y combatir el crimen organizado, el narcotráfico y actos terroristas”.

Entre las reparticiones que tendrá a cargo el nuevo ministerio está Estadio Seguro, ese invento creado en 2011, durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, y mantenido luego en forma ineficaz por Michelle Bachelet, el propio Piñera en su segundo período y ahora por Gabriel Boric.

Hay que decirlo con todas sus letras: el que ahora Estadio Seguro salga del Ministerio del Interior donde su importancia era mínima en razón de las múltiples funciones de esa secretaría de Estado e ingrese a Seguridad Pública, que es más específico en sus objetivos, puede ser plausible, pero, evidentemente, no basta para que, por fin esta repartición, que nació con el objetivo de eliminar la violencia en los recintos deportivos, sufra de un día para otro una radical transformación en su accionar.

Menos si no hay verdadera decisión de Estado porque este cambio de casa no sea más que un simple maquillaje.

Y es que Estadio Seguro siempre ha sido tratado por los gobiernos centrales más como un lugar para pagar favores políticos que como un estamento de acción profesional para la erradicación de ella.

La historia

Hay que ver quiénes han sido los que han encabezado Estadio Seguro estos años para darse cuenta de esto.

El primero fue Matías Eguiguren, un ingeniero comercial muy vinculado al mundo de los negocios y hombre de confianza del entonces ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter (quien al crear Estadio Seguro dijo, muy suelto de cuerpo, que la violencia en los estadios se eliminaría en seis meses). Eguiguren duró menos de un año y renunció al gobierno, para dedicarse a sus proyectos personales.

Lo reemplazó en el cargo Cristián Barra, un operador político que apenas contaba con cuarto medio rendido al momento de asumir el cargo, además de estudios universitarios de Ingeniería Comercial incompletos. Duró hasta el fin del primer gobierno de Piñera.

Al asumir Michelle Bachelet, el criterio no cambió. La Presidenta designó al abogado José Roa, quien tuvo una importante labor al frente del Sernac durante el primer periodo de la Mandataria, pero que era un total ignorante en temas de seguridad pública. Igual estuvo los cuatro años que duró la administración de Bachelet.

La meritocracia

Durante el segundo mandato de Piñera fue designado como jefe del plan el periodista Andrés Otero, quien durante el primer gobierno del ex Presidente se desempeñó realizando labores de gestión de prensa en el Ministerio del Interior y Seguridad Pública.

Otero estuvo poco tiempo en el cargo porque fue designado subsecretario del Deporte, por lo que la responsabilidad en Estadio Seguro cayó en el abogado Cristóbal Lladser, alguien que algo conocía del tema.

Así es. Lladser, durante el primer mandato de Piñera fue parte del equipo de Estadio Seguro, siendo asesor jurídico, rol en el que fue parte de los procesos de coordinación para el cumplimiento de la Ley 19.327 de Derechos y Deberes en los espectáculos de fútbol profesional y en la redacción del primer reglamento del mencionado cuerpo legal.

Cero importancia

Pero al asumir Gabriel Boric el cargo en Estadio Seguro volvió a un perfil bajo y fue menospreciado por el gobierno, al designarse a Pamela Venegas, periodista, ex jefa de prensa de Cruzados y ex coordinadora del fútbol femenino de la ANFP.

Se suponía que Boric iba a hacer una profunda reestructuración. Que durante su mandato Estadio Seguro se eliminaría y que sería reemplazado por un programa de barrismo social y comunitario que apuntara a enfocarse en un cambio cultural más que en los castigos.

Pero nada de eso aconteció.

Sólo sacó a Estadio Seguro de un ministerio para meterlo en otro sin cambiar en nada (aún) de los principios que sustenta desde su creación en 2011.

¿Podrá tenerse así algo de fe?