Columna de Sergio Gilbert: Gorosito algo de razón tiene…

La frase que enloqueció a los hinchas de Boca Juniors en la previa de la revancha con Alianza Lima por la Libertadores y que terminó por darle la razón al Pipo.

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Por Sergio Gilbert
Actualizado el 27 de febrero de 2025 - 10:55 am

Al cabo, Gorosito y Alianza consiguieron el objetivo y eliminaron a Boca / Foto: AGENCIAS

Néstor Gorosito se ha llevado los focos de atención estas últimas dos semanas en el ambiente futbolero sudamericano por la confrontación del equipo que dirige -Alianza Lima- y Boca Juniors por la Copa Libertadores.

Gorosito, que como jugador fue un talento y que hizo una dupla de alto voltaje con Alberto Acosta en San Lorenzo, Universidad Católica y en la selección argentina, inició una guerra de declaraciones luego del triunfo del equipo peruano ante los xeneizes en Lima, con el objetivo obvio de absorber él la presión de cara a la revancha en Buenos Aires.

Saber de verdad cuánta influencia tuvo esa estrategia del DT para que su equipo finalmente lograra la clasificación a la fase final de la primera fase de la Copa es tan difícil como irrelevante. Quedará todo a la especulación personal.

Una frase que obliga a pensar

Lo que sí parece un mejor ejercicio es reflexionar en torno a una frase que se mandó Gorosito cuando le consultaron por la dificultad que planteaba jugar en La Bombonera debido a la presión que ejerce la hinchada de Boca.

Gorosito ni pestañó para decir que “lo de la cancha de Boca es todo biri biri. Es un mito. Nunca mataron a ningún jugador ahí adentro. La hinchada no juega. Es todo sanata”.

Claro, el mensaje fue visto como una provocación, más aún si se considera que Gorosito también jugó en River Plate, el archirrival de Boca.

Pero cuidado, el Pipo algo de razón tiene.

Protagonismo mal entendido

Y es que darle tanta importancia a la hinchada en la resolución de un resultado futbolístico parece impropio. Más que eso, aumenta las posibilidades de que situaciones exógenas sean, finalmente, las que primen en las resoluciones de un partido de fútbol.

Expliquemos mejor.

Se debe suponer que la presencia masiva de gente (hinchas) en un estadio cumple una gran función: entregar un marco adecuado a un espectáculo y generar apoyo a uno o a los dos contendores.

Nada más.

Ello porque, como ya está más que probado, esas hinchadas que escalan a otras alturas, terminan convirtiéndose en parte del elenco protagónico e incluso llegan a sentirse más importantes que los propios futbolistas (es cosa de ver hoy paños y letreros en las barras bravas con nombres y retratos de hinchas y no de jugadores).

La opción de la violencia

Estos “actores” del espectáculo futbolero en realidad, sólo tienen una opción de ser trascendentes en conseguir un resultado: a través de la violencia.

Ninguno de estos guata-pelada que tocan el bombo, o el pelafustán que machetea a la entrada del estadio con una camiseta maloliente del equipo que, se supone, ama sobre todas las cosas, entrará a la cancha a eludir tres rivales, tirar un penal o hacer una rabona, simplemente porque no son aptos ni tienen los talentos.

Darles hoy a los hinchas, a la gente que va a los estadios vestida con los colores de un equipo la categoría de “esenciales” en el fútbol es una tontería.

El fútbol es bonito y mejor aspectado con gente alentando en las tribunas. Se llena de color y es posible que, en la mayoría de los casos, se convierta en un aliciente extra para el futbolista.

Pero nada más. El fútbol se puede jugar sin hinchas. Pero no sin futbolistas. Y Boca lo aprendió esta semana…